Alina corrió4 hacia su cuarto en cuanto tuvo25 en las manos las nuevas tijeras de punta redonda que su madre le acababa21 de comprar.
Éstas5 sí5 que eran unas buenas19 tijeras y no las de antes, de cuando era un bebé1.
Buscó19-1 con los ojos algo que cortar.
Tenía4 que probarlas enseguida. Cortó1 un papel. Aquello iba como una seda. Pero que unas tijeras corten bien el papel no tiene ningún1
mérito3.
Así1 que siguió1 mirando hasta que sus ojos descubrieron el caballito azul, con cola también1 azul.
¡Qué6 ocurrencia, un caballo con cola azul!
No le gustaba21 nada aquella cola que casi llegaba21
hasta el suelo como la más5 vulgar19
de las escobas. Además1, se parecía1
demasiado a las púas4 de un puerco espín1
que había17-4 en un libro de cuentos.
Agarró1
las tijeras y zas por aquí1,
zas por allá1;
un pequeño recorte por arriba, otro más5
redondito por abajo. De pronto observó1
asombrada que la cola del caballo
era exactamente igual que el plumero que su madre
utilizaba21 para quitar el polvo.
De momento no le gustó1
mucho la semejanza, pero dejó1
de cortar; pues Alina, que era una niña inteligente27,
supo que si seguía4
cortando, su caballo terminaría4
por ser un caballo rabón1,
y aunque a primera vista rabón1
parece que quiere decir con rabo grande, pues no séñor,
que significa sin rabo.
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La pequena Alina. Cristina Álvarez Reinares. España, s. XX
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 tijeras
 bebés
 iba
 arriba
 abajo
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