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El peso de las palabras Zaragoza, 1995. 200 págs. ISBN: 84-87705-26-X |
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ÍNDICE: PRÓLOGO....................................................................... 9 1. PALABRAS................................................................... 13 2. EDADES..................................................................... 33 3. LA CASA.................................................................... 53 4. EL CUERPO.................................................................. 69 5. VESTIDO.................................................................... 93 6. ANIMALES...................................................................111 7. ACCIONES...................................................................131 8. MENSAJES...................................................................147 9. PERSPECTIVA................................................................161 10.
TRAYECTORIAS..............................................................183
COMENTARIOS: La autora de este libro posee una sólida base psicológica, un fino sentido del humor y un excelente dominio del lenguaje. Esos tres elementos se ponen al servicio de una creativa forma de asomarse a la realidad, y de la conjunción de todo ello, por la virtud transformadora del arte, los vocablos, los hechos y realidades cotidianos se nos presentan llenos de matices inéditos, de facetas insospechadas. Yo sugiero al lector que se asome, por ejemplo, a dos tópicos que parecen tan triviales: ´La palma de la mano´ (pág. 71) o ´Los botones´ (pág. 95). Después de leer tan breves líneas esas dos realidades han cambiado su ser. A veces la autora eleva su mirada a temas de más peso, con análisis de sutil penetración, como ocurre en ´El niño y el anciano´.
´El
anciano, desde el poniente, lanza hacia atrás la sombra alargada de su
vida, que se superpone a la que el niño, desde el levante, proyecta hacia
adelante. Ambas son alargadas, pues las sombras que proyectan la salida
y la puesta del sol son semejantes; tan sólo difieren en la orientación.
Se entrecruzan, la una pálida, como la de algo evanescente a punto de
esfumarse, la otra plena, como la de algo potencialmente vasto y poderoso.
La sombra vieja puede servir de descanso efímero para la joven, en tanto
dura la convergencia; la joven puede llegar a adquirir el valor de una
protección total para la vieja, tan necesitada de cobijo´. |