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         “Los especialistas que no rehuyen la discusión con él lo comparan con Lutero- comparación no muy agradable para él- con Voltaire y con Nietzsche. Sería fácil calificarlo desdeñosamente de mero polemista si no fuera porque sus reproches, expresados en fórmulas punzantes, se apoyan en una amplia obra crítica, antieclesiástica que no admite parangón. Esa obra constituye, de seguro, la crítica más exhaustiva del cristianismo.”
 

     Andreas Stirnemann, Radio Zürich.
 

         “Al contrario que muchos teólogos habituados a decir ¡amén! y cuya actividad principal consiste generalmente en repetir lo que se los ordene y en justificarlo mediante interpretaciones manipuladoras, Deschner no permite que se despache sin más lo que, tiempo ha, se da ya por despachado. En lugar de la consabida paz de cementerio, Deschner siembra la inquietud teológica e histórica por los cementerios. Es alguien que aviva el dolor por las muchas tumbas olvidadas donde reposan las víctimas de la Iglesia.” 
 

 Uta Ranke-Heinemann, historiadora de la Iglesia, teóloga y
autora de Eunucos por el Reino de los Cielos.
 

         “En las cortantes frases de Deschner se perfila la miseria de épocas enteras...La historia aparece como levantamiento de cadáveres en serie. Aparecen ahí el asesinato, el sarcasmo y el homicidio y siempre próxima a ellas la Iglesia que imparte su bendición y  contra la cual se dirigen las sospechas. ¡Qué espectáculo! Ese horror y esa hecatombe humana seculares, esa conversión del cristianismo que pasa de ser la ‘Iglesia de los pacifistas’ a ser ‘la Iglesia de los clerizontes castrenses’ desbordan los límites de nuestra comprensión. Con todo Deschner nos narra en vivo, con la audacia de un reportero de guerra, las devastaciones del ‘Señor de los ejércitos’, como si se hallara en medio de la degollina, en el interminable combate por ‘la paz verdadera, la paz de Cristo’.” 
 

   Dieter Frigeli, escritor, en Die Weltwoche. Zürich
 
 
 

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