En qué creo yo

Zaragoza, 1992. 304 págs.

ISBN: 84-87705-07-3




ÍNDICE:

     PRÓLOGO A LA EDICIÓN ESPAÑOLA.................................................  7 

     PRÓLOGO A LA EDICIÓN ALEMANA.................................................. 13 

     ALGUNAS APORTACIONES INCLUIDAS EN EL LIBRO "Woran Ich Glaube"................. 19 

     LOS AUTORES...................................................................287 
 
 
 

COMENTARIOS

         La obra recapitula las reflexiones en torno al tema, título del libro, de 50 hombres destacados de la cultura universal, destacando a Hans Albert, Aurelio Arteta, Jens von Bandemer, Schalom Ben-Chorin, Joachim-Ernst Berendt, Hermann Bondi, Ernest Bornemann, Victoria Camps, Carlos Castilla del Pino, François Cavanna, Georg Denzler, Irenäus Eibl-Eibesfeldt, Hans J. Eysenck, Ossip K. Flechtheim, Francisco Fortuny, Manuel Garrido, José María González ruiz, Minika Griefahn, Hartmut von Hentig, Horst Herrmann, Edgar Hilsenrath, Nordert Hoerster, Keith Jarret, Udo Jürgens, Klaus Katzenberger, Günther Kehrer, Petra Kelly, Paul Kurtz, Robert Mächler, Federico Mayor Zaragoza, Nelly Moia, Nevill Mott, Hubertus Mynarek, Johannes W. Neumann, Ursula Neumann, Milan Petrovic, Ernst Reinhard Piper, Karl Popper, Uta Ranke-Heinemann, Jan Philipp Reemstsma, Edzard Reuter, Adolf Martin Ritter, Helke Sander, Fernando Savater, Hermann Josef Schmidt, Hubert Selby, Peter Singer, Dorothee Sölle, Wolfgang Speyer y Tomi Ungerer.

         "Deschner escribe brutalmente libros brutales, ensayos y artículos, sin excepción con vocación demoledora. Plantea problemas de enjundia, que pueden causar un patatús a quien, desde la apacible bonanza en que todos procuramos ir tirando y en el ambiente cultural católico mayoritario, se sumerja sin precauciones en sus páginas. "En qué creo yo", título del libro, se trata de la trascendente inquisición dirigida a Fausto, que acaso creía más en el diablo que en Dios. Libro, pues, muestrario, antológico de textos que no pueden leerse de un tirón. Porque casi cada muestra -y hay más de medio ciento- es un tirón." 

 

Guillermo Fatás. Catedrático de Historia. Universidad de 

Zaragoza. Heraldo de Aragón, 25 de febrero de 1993.

TEXTOS

Jens von BANDEMER 

¿Qué es la fe? ¿Qué significa creer?

         "La fe es nuestra más personal intuición de la verdad, intuición "impregnada" por nuestros deseos y temores, nuestros rasgos de carácter, nuestro temperamento y condiciones de vida, pero también por nuestros hábitos de pensamiento e ideas. Con la fe trato de conseguir respuesta a la cuestión de Dios y al sentido de nuestra existencia. No se trata para mí de una visión del mundo, de una cosmovisión, ni de un saber teológico, filosófico o esotérico. Lo que a mí no me proporcione interiormente refugio, tranquilidad y fuerza y no me sirva exteriormente de orientación en mi conducta, no es fe según mi sentir. Durante largo tiempo de mi vida mantuve por verdadero cuanto aprendí en las clases de religión y en las de preparación para la confirmación. Ese saber no tenía para mí una real importancia. Profesión, familia o deporte eran más importantes. Después, a raíz de los enfrentamientos profesionales, comencé a indagar el sentido de mi vida. Advertí que mi fe estaba muerta, que no me sostenía. En mi búsqueda hice la experiencia de que la fe no se hace viva en tanto uno no ajuste a ella su vivir. Solamente entonces se "opera" algo tanto interna como externamente. Desde que me esfuerzo por observar mi conducto, por indagar los motivos, deseos y temores de aquella y también por debatirme a fondo conmigo mismo, constato una y otra vez que algo me guía tanto interna como externamente. Creer es para mí confiar en esa dirección interior, fiarme de esa fuerza dirigente y vivir de acuerdo a ella. La fe como vivencia de una fuerza interior surge, según mi experiencia personal, del esfuerzo por hacer el bien. El creyente tiene que hacer frente al hecho de que cada uno tiene sus creencias, de que existen personas con otra fe. Según he podido observar, existe una estrecha relación entre lo que esperamos de la vida y nuestras creencias, teniendo en cuenta que me refiero aquí no a la fe aprendida sino a la vivida, a la fe personal." 

 

Jens von Bandemer.

Doctor en Filosofía. Nac. en 1936 en Berlín. Doctorado en Economía Política en el año 1961 por la Universidad de Basilea. Del 1965 al 1984 copropietario y gerente de la empresa familiar Verbandsarbeit (construcción de maquinaria). Desde 1985 discípulo en pos de Cristo, al margen de la Iglesia y de la Industria.
 

 



Ernest BORNEMAN  

Por qué no creo: 18 buenas razones al respecto.

1.-
Yo no creo en nada. Para mí la fe es algo tan odioso como lo es el pecado para los creyentes.

2.- Mi subjetividad necesita valores objetivos que me puedan servir de orientación. Creer es mantener subjetivamente algo como verdadero y en cuanto tal no posee validez alguna.

3.- Si alguien afirma saber algo me resulta imposible entablar una discusión con él. Pero si afirma creer algo sólo me cabe aceptar el hecho.

4.- El que sabe, no puede creer. El que cree, no puede saber.

5.- "Fe ciega" es una tautología, pies la fe es siempre ciega.

6.- Yo quiero criticar y ser criticado. La fe, sin embargo, constituye una actitud básica marcada por la ausencia de crítica frente a la voluntad "divina" y exige mi sumisión frente a su sentido "inescrutable". Representa una forma de violación espiritual. He de poseer el derecho de oponerme a ello. o interpreto ese derecho como deber.

7.- Si la teología cristiana postula que sólo encaminado por la fe puedo o llegar al auténtico saber (credo ut intelligam), lo que hace con ello es poner cabeza abajo la relación efectiva entre saber y creer (credo quia absurdu).  

 

Ernest Bornemann.

Doctor en Filosofía. Nació en 1915 en Berlín. Estudió Arqueología y Prehistoria, Antropología Social y Cultural, Etnoanálisis y Teoría Sexual en varias universidades de Inglaterra, Escocia y los USA. Desplegó desde el 1974 al 1984 su actividad en varias universidades alemanas y austriacas. Publicista de numerosas obras científicas y especialmente en el contexto de la Psicología y de la Teoría Sexual. Colaborador en numerosos manuales, diccionarios y enciclopedias de esa temática.
 

 



Georg DENZLER  

Me es imposible no creer en lo que creo.

         "Dios existe. Eso es algo en lo que creo firmemente. Pero según la dogmática eclesiástica es triple como el cristiano proclama incluso al persignarse: "En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo". Esa complicada creencia, ¡sólo un Dios, pero tres divinas personas sin que ello entrañen tres dioses!, me acompaña desde mi infancia sin causarme grandes quebraderos de cabeza. Sólo en los últimos tiempos-, es decir, no antes de acabar mis estudios de teología, ni siquiera en los años de mi actividad sacerdotal- me asalta más a menudo el interrogante de si ese Dios en el que creo sólo ha de ser entendido siempre como tripersonal.

         Sé muy bien que con esa duda en la Trinidad incurre en peligro mi fe divinidad de Jesús de Nazaret y también en el Espíritu Santo. ¿Pero cómo podría reprimir violentamente esos interrogantes cuando emergen en mi interior? Por lo demás no veo necesidad alguna para ello, pues esas dudas ocasionales fueron desechadas una y otra vez, apenas emergidas, con la incertidumbre de que la fe de la Iglesia, con una longevidad de varios siglos, ha de ser sin más la verdadera. Y por ello espero confortado, hasta mi última hora, que ese enigma de la fe me sea resuelto. A la luz de Dios se esclarecerán muchas cuestiones que ahora me resultan todavía oscuras.

         ¿Que qué pienso acerca de la "Virgen María", en la que Dios, según nos vuelve a asegurar el credo de la Iglesia, "se encarnó por obra del Espíritu Santo"? Si no sonase un poco irrespetuosa, la respuesta que más me agradaría sería ésta: la virginidad de María no es nada que suscite especialmente mi interés. En incontables oraciones y documentos de fe, "María Madre de Dios" es exaltada por su "virginidad perpetua", ¿Quién pretendió entender esto en sentido puramente biológico? Yo no. El predicado "virgen" expresa que el hijo de María es un hijo singular: se trata del "hijo de Dios". Para ese sentido me bastan las pocas afirmaciones, a veces meras insinuaciones, de y sobre Jesús, tal y como nos han sido transmitidas por el Nuevo Testamento bíblico.

         Al símbolo de la fe eclesiástica pertenece asimismo la fe en la misma Iglesia. En otros tiempos me resultaba muy fácil creer en la Iglesia Católica. Hoy, en cambio, ni siquiera sé exactamente qué es lo que se quiere decir con la expresión "fe en la Iglesia". ¿No basta en realidad que yo crea en Jesús como el Cristo?" 

 

Georg Denzler.

Doctor en Teología. Nació en 1930 en Bamberg. Allí y en Munich estudió Teología. Consagrado sacerdote en 1955. Hizo su doctorado en 1962 y en 1967 obtuvo la Cátedra de Historia de la Iglesia en la Univ. de Munich. Del 1967 al 1971 fue docente en Freising, Munich y Tubinga. Desde el 1971 es Profesor de Historia de la Iglesia en la Univ. de Bamberg. Se casó en 1973. Su última publicación (1989) "El placer prohibido, 2000 años de moral sexual cristiana".
 

 



Petra KELLY  

Pensar con el corazón.

         "Si, creo en Dios..., pero no en ese Dios de quien se habla, por regla general, mediante símbolos masculinos.

         Creo que apenas intentamos hablar de y sobre Dios, esforzándonos por definirlo, perdemos de vista que Dios/Diosa es indefinible, indescriptible y que existe en dimensión distinta, en la que no hay cabida para el espacio, el tiempo, las "cosas" o el "movimiento".

         Sí, creo en Dios/Diosa... pues creo que no sólo somos el cuerpo, que perecerá en su día, sino también el alma viva de eterna perduración. Creo en una conciencia inmortal, que estará siempre allí donde esté nuestra alma, donde esté nuestra sutil materialidad, sea que nos movamos en un cuerpo físico, sea que nos hayamos desprendido de éste.

         Dios/Diosa es para mí unidad total, amor total, luz, fuerza y muchas cosas más. Es también fundamento de toda naturaleza viva, de todas las cosas... Parte de todos nosotros, existente en todos nosotros, viviente en todos nosotros.

(..)

         Estoy convencida de que todos los hombres tienen un origen divino al que, sin embargo, reprimen y olvidan. No es, pues, de admirar que uno (una) piense en una institución como la de la Iglesia. Doy la razón a K. H. Deschner cuando escribe que Jesús, como luchador, como liberador, nunca hubiese podido desear esta Iglesia en su época, una institución meticulosamente regulada jurídica y litúrgicamente, político-jerárquica, una Iglesia de la legalidad y la violencia.

         Según lo describe el teólogo C. Schneider "la comunidad del amor se convirtió en iglesia disciplinaria; el sacerdocio universal, en jerarquía de cargos... Los abogados vinieron a ocupar el lugar de los extáticos y, finalmente, las relaciones entre Dios y el hombre se regularon a través de un código legal..."

         La creencia en Dios/Diosa y la pertenencia a "esta" Iglesia oficial se me han hecho incompatibles... Hace ya muchos años que abandoné la Iglesia a causa de la doblez moral de la cúpula eclesiástica. Pienso en el papa Pío XII, que se olvidó del fascismo, pero contaba el divorcio entre los males de la época. Pienso en las preces que elevaron los sacerdotes antes del despegue del avión de los USA que bombardeó Hiroshima. ¡Pienso asimismo en el Vaticano que no condenó entonces el ataque con bombas atómicas al Japón! Y aun en tiempos de Hitler el libro católico castrense en 1940 proclamaba y contenía esta exhortación: "Se fiel a la consigna "Con Dios, el Führer, el pueblo y la patria..."."  

 

Petra Kelly.

Nació en 1947 en Günzburg. High School en Georgia y Virginia. De 1966 a 1970 estudió Teoría Política en la Univ. de Washington. Hizo el Masters Degree en 1971 en la Universidad de Amsterdam. Ese mismo año era Comisaria en Prácticas de la C.E.E. Desde 1972 Consejera administrativa en Iniciativa Gustav Heinemann, de la Unión Humanística, de la Sociedad Pacifista Alemana de la Unión de Adversarios de la Guerra, también de la Asociación Federal de Iniciativas Ciudadanas Medioambientales, de la Liga por la Reconciliación y de la Sociedad en pro de las Etnias Amenazadas. Fue una de las iniciadoras del Manifiesto Krefeld y de la "Bertrand Russell Foundation for a nuclear free Europa". Miembro fundacional y presidenta de la Asociación Grace-P.-Kelly para el Fomento de la Investigación del Cáncer en Niños. Miembro fundador de "Los Verdes" (Presidente del 1980 al 82). En 1982 obtuvo el Premio Nobel alternativo. En 1983 el Premio a la Mujer del Año concedido por la organización feminista americana "Women strike for Peace".
 

 

 



Uta RANKE-HEINEMANN  

La doctrina de la Iglesia y la misericordia de Dios.

         "He repasado un catecismo escolar de los años cincuenta como quien repasa una lista de chequeo de la propia fe. Catecismo destinado no sólo al uso escolar, sino a ser un "libro para la vida", itinerario de "todo peregrinaje por la vida". Está, pues, escrito en él todo cuanto uno ha de creer como católico en el transcurso de su vida. Las pretensiones con las que este catecismo se presenta a los lectores no tienen nada de modestas. El autor del prólogo, cuyo nombre no se menciona, pero que se designa a sí mismo como "vuestro obispo", declara ser un "obispo a quien Dios ha investido como maestro de la verdad celeste" y que el libro recoge en sí "todas las doctrinas sagradas".

         Una de las primeras preguntas del catecismo tienen carácter básico: "¿Qué tenemos que creer?" Y la respuesta reza: "Tenemos que creer todo cuanto Dios ha revelado". Ahora bien, esta respuesta no es muy concreta por lo que respecta a su contenido y lo que, por lo demás, me molesta en ella es la expresión "tenemos que", que aparece ya en la misma pregunta. Pues yo ya estoy voluntaria y plenamente dispuesta a "creer lo que Dios ha revelado", en el caso de que Dios haya revelado algo. Tampoco la respuesta siguiente me parece muy buena, pues a la pregunta de "¿Por qué tenemos que considerar firmemente verdaderas las revelaciones divinas?", se responde: "Tenemos que considerarlas firmemente verdaderas porque Dios no puede equivocarse ni mentir". Y bien, ¿significa eso acaso que si Dios pudiera mentir, mentiría posiblemente? No necesito semejantes especulaciones para creerle a Dios que no es un mentiroso.

         A la pregunta de cómo nos hacemos partícipes de las revelaciones divinas, obtenemos esta respuesta: "Lo que Dios nos ha revelado es lo que enseña la Iglesia Católica". Lástima que, por lo que concierne a su revelación, sólo tenemos que ver con Dios de forma indirecta. De forma directa sólo tenemos que vérnoslas con la Iglesia Católica. Recibimos la revelación de segunda mano. Únicamente la Iglesia la obtiene de primera mano. La pregunta de por qué debemos o tenemos que creer a la Iglesia -por usar el lenguaje conminativo del catecismo- queda sin formular. La respuesta de que la Iglesia no puede equivocarse ni mentir no sería idónea, pues a lo largo de la historia ha demostrado fehacientemente que es más que capaz de ambas cosas. Así pues, he de quedarme a solas con mi pregunta de por qué "tengo que" creer a la Iglesia.

 

Uta Ranke-Heinemann.

Doctora en Teología. Nac. en 1927 en Essen. Fue la primera mujer del mundo titular de una Cátedra de Teología (Nuevo Testamento e Historia de la Iglesia Antigua). En 1989 perdió esa cátedra al interpretar la virginidad de María no en sentido biológico, sino exclusivamente teológico Ahora es titular de la Cátedra de Historia de la Religión en la Univ. de Essen.