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ÍNDICE:

PRÓLOGO
A LA EDICIÓN ESPAÑOLA................................................. 7
PRÓLOGO
A LA EDICIÓN ALEMANA.................................................. 13
ALGUNAS
APORTACIONES INCLUIDAS EN EL LIBRO "Woran Ich Glaube"................. 19
LOS
AUTORES...................................................................287
COMENTARIOS

La obra recapitula
las reflexiones en torno al tema, título del libro, de
50 hombres destacados de la cultura universal, destacando a Hans
Albert, Aurelio Arteta, Jens von Bandemer, Schalom Ben-Chorin,
Joachim-Ernst Berendt, Hermann Bondi, Ernest Bornemann, Victoria
Camps, Carlos Castilla del Pino, François Cavanna, Georg
Denzler, Irenäus Eibl-Eibesfeldt, Hans J. Eysenck, Ossip
K. Flechtheim, Francisco Fortuny, Manuel Garrido, José
María González ruiz, Minika Griefahn, Hartmut von
Hentig, Horst Herrmann, Edgar Hilsenrath, Nordert Hoerster, Keith
Jarret, Udo Jürgens, Klaus Katzenberger, Günther Kehrer,
Petra Kelly, Paul Kurtz, Robert Mächler, Federico Mayor
Zaragoza, Nelly Moia, Nevill Mott, Hubertus Mynarek, Johannes
W. Neumann, Ursula Neumann, Milan Petrovic, Ernst Reinhard Piper,
Karl Popper, Uta Ranke-Heinemann, Jan Philipp Reemstsma, Edzard
Reuter, Adolf Martin Ritter, Helke Sander, Fernando Savater,
Hermann Josef Schmidt, Hubert Selby, Peter Singer, Dorothee Sölle,
Wolfgang Speyer y Tomi Ungerer.
"Deschner
escribe brutalmente libros brutales, ensayos y artículos,
sin excepción con vocación demoledora. Plantea
problemas de enjundia, que pueden causar un patatús a
quien, desde la apacible bonanza en que todos procuramos ir tirando
y en el ambiente cultural católico mayoritario, se sumerja
sin precauciones en sus páginas. "En qué creo
yo", título del libro, se trata de la trascendente
inquisición dirigida a Fausto, que acaso creía
más en el diablo que en Dios. Libro, pues, muestrario,
antológico de textos que no pueden leerse de un tirón.
Porque casi cada muestra -y hay más de medio ciento- es
un tirón."
Guillermo Fatás. Catedrático de
Historia. Universidad de
Zaragoza. Heraldo de Aragón, 25 de febrero
de 1993.
TEXTOS

Jens von BANDEMER
¿Qué es la fe? ¿Qué significa
creer?
"La fe
es nuestra más personal intuición de la verdad,
intuición "impregnada" por nuestros deseos y
temores, nuestros rasgos de carácter, nuestro temperamento
y condiciones de vida, pero también por nuestros hábitos
de pensamiento e ideas. Con la fe trato de conseguir respuesta
a la cuestión de Dios y al sentido de nuestra existencia.
No se trata para mí de una visión del mundo, de
una cosmovisión, ni de un saber teológico, filosófico
o esotérico. Lo que a mí no me proporcione interiormente
refugio, tranquilidad y fuerza y no me sirva exteriormente de
orientación en mi conducta, no es fe según mi sentir.
Durante largo tiempo de mi vida mantuve por verdadero cuanto
aprendí en las clases de religión y en las de preparación
para la confirmación. Ese saber no tenía para mí
una real importancia. Profesión, familia o deporte eran
más importantes. Después, a raíz de los
enfrentamientos profesionales, comencé a indagar el sentido
de mi vida. Advertí que mi fe estaba muerta, que no me
sostenía. En mi búsqueda hice la experiencia de
que la fe no se hace viva en tanto uno no ajuste a ella su vivir.
Solamente entonces se "opera" algo tanto interna como
externamente. Desde que me esfuerzo por observar mi conducto,
por indagar los motivos, deseos y temores de aquella y también
por debatirme a fondo conmigo mismo, constato una y otra vez
que algo me guía tanto interna como externamente. Creer
es para mí confiar en esa dirección interior, fiarme
de esa fuerza dirigente y vivir de acuerdo a ella. La fe como
vivencia de una fuerza interior surge, según mi experiencia
personal, del esfuerzo por hacer el bien. El creyente tiene que
hacer frente al hecho de que cada uno tiene sus creencias, de
que existen personas con otra fe. Según he podido observar,
existe una estrecha relación entre lo que esperamos de
la vida y nuestras creencias, teniendo en cuenta que me refiero
aquí no a la fe aprendida sino a la vivida, a la fe personal."
Jens von Bandemer.
Doctor en Filosofía. Nac. en 1936 en Berlín. Doctorado
en Economía Política en el año 1961 por
la Universidad de Basilea. Del 1965 al 1984 copropietario y gerente
de la empresa familiar Verbandsarbeit (construcción de
maquinaria). Desde 1985 discípulo en pos de Cristo, al
margen de la Iglesia y de la Industria.
Ernest BORNEMAN
Por qué no creo: 18 buenas razones al respecto.
1.- Yo no creo en nada. Para mí la fe es algo tan
odioso como lo es el pecado para los creyentes.
2.- Mi subjetividad necesita valores objetivos que me
puedan servir de orientación. Creer es mantener subjetivamente
algo como verdadero y en cuanto tal no posee validez alguna.
3.- Si alguien afirma saber algo me resulta imposible
entablar una discusión con él. Pero si afirma creer
algo sólo me cabe aceptar el hecho.
4.- El que sabe, no puede creer. El que cree, no puede
saber.
5.- "Fe ciega" es una tautología, pies
la fe es siempre ciega.
6.- Yo quiero criticar y ser criticado. La fe, sin embargo,
constituye una actitud básica marcada por la ausencia
de crítica frente a la voluntad "divina" y exige
mi sumisión frente a su sentido "inescrutable".
Representa una forma de violación espiritual. He de poseer
el derecho de oponerme a ello. o interpreto ese derecho como
deber.
7.- Si la teología cristiana postula que sólo
encaminado por la fe puedo o llegar al auténtico saber
(credo ut intelligam), lo que hace con ello es poner cabeza abajo
la relación efectiva entre saber y creer (credo quia absurdu).
Ernest Bornemann.
Doctor en Filosofía. Nació en 1915 en Berlín.
Estudió Arqueología y Prehistoria, Antropología
Social y Cultural, Etnoanálisis y Teoría Sexual
en varias universidades de Inglaterra, Escocia y los USA. Desplegó
desde el 1974 al 1984 su actividad en varias universidades alemanas
y austriacas. Publicista de numerosas obras científicas
y especialmente en el contexto de la Psicología y de la
Teoría Sexual. Colaborador en numerosos manuales, diccionarios
y enciclopedias de esa temática.
Georg DENZLER
Me es imposible no creer en lo que creo.
"Dios existe.
Eso es algo en lo que creo firmemente. Pero según la dogmática
eclesiástica es triple como el cristiano proclama incluso
al persignarse: "En el nombre del Padre, del Hijo y del
Espíritu Santo". Esa complicada creencia, ¡sólo
un Dios, pero tres divinas personas sin que ello entrañen
tres dioses!, me acompaña desde mi infancia sin causarme
grandes quebraderos de cabeza. Sólo en los últimos
tiempos-, es decir, no antes de acabar mis estudios de teología,
ni siquiera en los años de mi actividad sacerdotal- me
asalta más a menudo el interrogante de si ese Dios en
el que creo sólo ha de ser entendido siempre como tripersonal.
Sé muy
bien que con esa duda en la Trinidad incurre en peligro mi fe
divinidad de Jesús de Nazaret y también en el Espíritu
Santo. ¿Pero cómo podría reprimir violentamente
esos interrogantes cuando emergen en mi interior? Por lo demás
no veo necesidad alguna para ello, pues esas dudas ocasionales
fueron desechadas una y otra vez, apenas emergidas, con la incertidumbre
de que la fe de la Iglesia, con una longevidad de varios siglos,
ha de ser sin más la verdadera. Y por ello espero confortado,
hasta mi última hora, que ese enigma de la fe me sea resuelto.
A la luz de Dios se esclarecerán muchas cuestiones que
ahora me resultan todavía oscuras.
¿Que
qué pienso acerca de la "Virgen María",
en la que Dios, según nos vuelve a asegurar el credo de
la Iglesia, "se encarnó por obra del Espíritu
Santo"? Si no sonase un poco irrespetuosa, la respuesta
que más me agradaría sería ésta:
la virginidad de María no es nada que suscite especialmente
mi interés. En incontables oraciones y documentos de fe,
"María Madre de Dios" es exaltada por su "virginidad
perpetua", ¿Quién pretendió entender
esto en sentido puramente biológico? Yo no. El predicado
"virgen" expresa que el hijo de María es un
hijo singular: se trata del "hijo de Dios". Para ese
sentido me bastan las pocas afirmaciones, a veces meras insinuaciones,
de y sobre Jesús, tal y como nos han sido transmitidas
por el Nuevo Testamento bíblico.
Al símbolo
de la fe eclesiástica pertenece asimismo la fe en la misma
Iglesia. En otros tiempos me resultaba muy fácil creer
en la Iglesia Católica. Hoy, en cambio, ni siquiera sé
exactamente qué es lo que se quiere decir con la expresión
"fe en la Iglesia". ¿No basta en realidad que
yo crea en Jesús como el Cristo?"
Georg Denzler.
Doctor en Teología. Nació en 1930 en Bamberg. Allí
y en Munich estudió Teología. Consagrado sacerdote
en 1955. Hizo su doctorado en 1962 y en 1967 obtuvo la Cátedra
de Historia de la Iglesia en la Univ. de Munich. Del 1967 al
1971 fue docente en Freising, Munich y Tubinga. Desde el 1971
es Profesor de Historia de la Iglesia en la Univ. de Bamberg.
Se casó en 1973. Su última publicación (1989)
"El placer prohibido, 2000 años de moral sexual cristiana".
Petra KELLY
Pensar con el corazón.
"Si, creo
en Dios..., pero no en ese Dios de quien se habla, por regla
general, mediante símbolos masculinos.
Creo que apenas
intentamos hablar de y sobre Dios, esforzándonos por definirlo,
perdemos de vista que Dios/Diosa es indefinible, indescriptible
y que existe en dimensión distinta, en la que no hay cabida
para el espacio, el tiempo, las "cosas" o el "movimiento".
Sí, creo
en Dios/Diosa... pues creo que no sólo somos el cuerpo,
que perecerá en su día, sino también el
alma viva de eterna perduración. Creo en una conciencia
inmortal, que estará siempre allí donde esté
nuestra alma, donde esté nuestra sutil materialidad, sea
que nos movamos en un cuerpo físico, sea que nos hayamos
desprendido de éste.
Dios/Diosa es
para mí unidad total, amor total, luz, fuerza y muchas
cosas más. Es también fundamento de toda naturaleza
viva, de todas las cosas... Parte de todos nosotros, existente
en todos nosotros, viviente en todos nosotros.
(..)
Estoy convencida
de que todos los hombres tienen un origen divino al que, sin
embargo, reprimen y olvidan. No es, pues, de admirar que uno
(una) piense en una institución como la de la Iglesia.
Doy la razón a K. H. Deschner cuando escribe que Jesús,
como luchador, como liberador, nunca hubiese podido desear esta
Iglesia en su época, una institución meticulosamente
regulada jurídica y litúrgicamente, político-jerárquica,
una Iglesia de la legalidad y la violencia.
Según
lo describe el teólogo C. Schneider "la comunidad
del amor se convirtió en iglesia disciplinaria; el sacerdocio
universal, en jerarquía de cargos... Los abogados vinieron
a ocupar el lugar de los extáticos y, finalmente, las
relaciones entre Dios y el hombre se regularon a través
de un código legal..."
La creencia
en Dios/Diosa y la pertenencia a "esta" Iglesia oficial
se me han hecho incompatibles... Hace ya muchos años que
abandoné la Iglesia a causa de la doblez moral de la cúpula
eclesiástica. Pienso en el papa Pío XII, que se
olvidó del fascismo, pero contaba el divorcio entre los
males de la época. Pienso en las preces que elevaron los
sacerdotes antes del despegue del avión de los USA que
bombardeó Hiroshima. ¡Pienso asimismo en el Vaticano
que no condenó entonces el ataque con bombas atómicas
al Japón! Y aun en tiempos de Hitler el libro católico
castrense en 1940 proclamaba y contenía esta exhortación:
"Se fiel a la consigna "Con Dios, el Führer, el
pueblo y la patria..."."
Petra Kelly.
Nació en 1947 en Günzburg. High School en Georgia
y Virginia. De 1966 a 1970 estudió Teoría Política
en la Univ. de Washington. Hizo el Masters Degree en 1971 en
la Universidad de Amsterdam. Ese mismo año era Comisaria
en Prácticas de la C.E.E. Desde 1972 Consejera administrativa
en Iniciativa Gustav Heinemann, de la Unión Humanística,
de la Sociedad Pacifista Alemana de la Unión de Adversarios
de la Guerra, también de la Asociación Federal
de Iniciativas Ciudadanas Medioambientales, de la Liga por la
Reconciliación y de la Sociedad en pro de las Etnias Amenazadas.
Fue una de las iniciadoras del Manifiesto Krefeld y de la "Bertrand
Russell Foundation for a nuclear free Europa". Miembro fundacional
y presidenta de la Asociación Grace-P.-Kelly para el Fomento
de la Investigación del Cáncer en Niños.
Miembro fundador de "Los Verdes" (Presidente del 1980
al 82). En 1982 obtuvo el Premio Nobel alternativo. En 1983 el
Premio a la Mujer del Año concedido por la organización
feminista americana "Women strike for Peace".
Uta RANKE-HEINEMANN
La doctrina de la Iglesia y la misericordia de Dios.
"He repasado
un catecismo escolar de los años cincuenta como quien
repasa una lista de chequeo de la propia fe. Catecismo destinado
no sólo al uso escolar, sino a ser un "libro para
la vida", itinerario de "todo peregrinaje por la vida".
Está, pues, escrito en él todo cuanto uno ha de
creer como católico en el transcurso de su vida. Las pretensiones
con las que este catecismo se presenta a los lectores no tienen
nada de modestas. El autor del prólogo, cuyo nombre no
se menciona, pero que se designa a sí mismo como "vuestro
obispo", declara ser un "obispo a quien Dios ha investido
como maestro de la verdad celeste" y que el libro recoge
en sí "todas las doctrinas sagradas".
Una de las primeras
preguntas del catecismo tienen carácter básico:
"¿Qué tenemos que creer?" Y la respuesta
reza: "Tenemos que creer todo cuanto Dios ha revelado".
Ahora bien, esta respuesta no es muy concreta por lo que respecta
a su contenido y lo que, por lo demás, me molesta en ella
es la expresión "tenemos que", que aparece ya
en la misma pregunta. Pues yo ya estoy voluntaria y plenamente
dispuesta a "creer lo que Dios ha revelado", en el
caso de que Dios haya revelado algo. Tampoco la respuesta siguiente
me parece muy buena, pues a la pregunta de "¿Por
qué tenemos que considerar firmemente verdaderas las revelaciones
divinas?", se responde: "Tenemos que considerarlas
firmemente verdaderas porque Dios no puede equivocarse ni mentir".
Y bien, ¿significa eso acaso que si Dios pudiera
mentir, mentiría posiblemente? No necesito semejantes
especulaciones para creerle a Dios que no es un mentiroso.
A la pregunta
de cómo nos hacemos partícipes de las revelaciones
divinas, obtenemos esta respuesta: "Lo que Dios nos ha revelado
es lo que enseña la Iglesia Católica". Lástima
que, por lo que concierne a su revelación, sólo
tenemos que ver con Dios de forma indirecta. De forma directa
sólo tenemos que vérnoslas con la Iglesia Católica.
Recibimos la revelación de segunda mano. Únicamente la
Iglesia la obtiene de primera mano. La pregunta de por qué
debemos o tenemos que creer a la Iglesia -por usar el lenguaje
conminativo del catecismo- queda sin formular. La respuesta de
que la Iglesia no puede equivocarse ni mentir no sería
idónea, pues a lo largo de la historia ha demostrado fehacientemente
que es más que capaz de ambas cosas. Así pues,
he de quedarme a solas con mi pregunta de por qué
"tengo que" creer a la Iglesia.
Uta Ranke-Heinemann.
Doctora en Teología. Nac. en 1927 en Essen. Fue la primera
mujer del mundo titular de una Cátedra de Teología
(Nuevo Testamento e Historia de la Iglesia Antigua). En 1989
perdió esa cátedra al interpretar la virginidad
de María no en sentido biológico, sino exclusivamente
teológico Ahora es titular de la Cátedra de Historia
de la Religión en la Univ. de Essen.

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